SANTIAGO CASTELO
Fernando Pérez Marqués es un escritor de raza. Hombre sensible, exquisito, de extraordinaria prudencia y cortesía, encierra en su figura menuda y tímida a uno de
los más significativos orfebres del idioma que ha dado la historia literaria de Extremadura.
Sucede, sin embargo, que Fernando Pérez Marqués gusta de andar de puntillas, procurando en todo instante no ser notado,. temeroso de los oropeles de la
literatura barata; riguroso y exigente con su propia obra. Por eso, el fruto de su
quehacer eminentemente periodístico en su hermoso lirismo, es recortado y guardado por
muchos de sus anónimos seguidores. Esta es la cara y la cruz de nuestro escritor:
Si miramos la biografía de Fernando Pérez Marqués, anotamos enseguida las coordenadas de su obra. Natural de San Vicente de Alcántara, tempranamente se
traslada con su familia a Badajoz, ciudad en la que cursa bachillerato y Magisterio.
Tres localidades le tendrán de maestro: Granja de Torrehermosa, Santa Marta de los
Barros y Badajoz. En las tres guardan de Pérez Marqués un entrañable recuerdo y
un grato reconocimiento a su labor pedagógica. Siendo yo niño, en mi Granja de
Torrehermosa, la memoria de Fernando Pérez Marqués (don Fernando, como se le llamaba, pese a su juventud) era palpable y sonora. En las Escuelas Nacionales de
Granja -ya ausente él del pueblo- se le evocaba con sincera devoción y cariño. En ese
ambiente, que había trascendido del ámbito de la propia escuela -mi padre, al humilde calor de la mesa camilla, hablaba de su sensibilidad y cultura con extraordinaria
admiración-, me crié yo. Años más tarde descubro en las páginas de ABC a aquel
maestrito de mi pueblo y me deslumbran su pasión por el paisaje y su hondo amor a
Extremadura. Luego, ahondando en su biografía, cuando ya tuve la suerte de conocerlo y tenerlo por amigo, supe de su temprana afición por la lectura, su juvenil inclinación hacia el cultivo de las letras y esa clara, singular facilidad creativa que le
caracteriza. Hay una divertida anécdota. Cuando estudiaba segundo de bachillerato, Fernando Pérez Marqués se llevó un pequeño disgusto: el catedrático de Preceptiva
Literaria había encargado a los alumnos una composición con tema libre sobre alguna costumbre o industria típica de su lugar nativo. Fernando, oriundo de una
población dedicada especialmente a transformar los productos del alcornocal no lo
dudó, escogió como asunto "La industria corchotaponera", que tan familiar le
resultaba. Pero he aquí que el profesor a la hora de evaluar el trabajo, lo consideró extraído de un texto ajeno y le otorgó la calificación de "copiado". cuando el muchacho
llegó decepcionado a casa, recibió una gratificante sorpresa: su padre lo felicitó
porque era la mejor nota que había podido obtener. Este afán por la tierra -Extremadura- llevará a nuestro escritor a no sólo la creación literaria, sino a la
realización de ensoñadas empresas. En Santa Marta fue secretario fundador de la
Cooperativa y Caja Rural "Santa Marta Virgen ", prestigiosa entidad agrícola en la
que ejerció durante veinticuatro años, ininterrumpidamente y por reelección democrática, cargos de responsabilidad. Era una de las más productivas maneras de hacer
realidad los sueños, tantas veces inalcanzables, del escritor.
El primer artículo que publicó Fernando Pérez Marqués encierra también una
anécdota expresiva de su buena disposición literaria. Fue un trabajo -"Ante el altar
de los Caballeros de Alcántara"- enviado a la sección de "noveles" que aparecía en
la madrileña revista Tajo, allá por los años cuarenta. Pues bien, la dirección
consideró que dicho trabajo debía pertenecer a un autor consagrado y lo publicó con todo
alarde tipográfico en el contenido general de la revista.
En adelante, Fernando Pérez Marqués alternará su labor pedagógica con una
ferviente dedicación a la literatura. Cientos y cientos de artículos suyos han
aparecido en los diarios Hoy y ABC, los dos únicos periódicos a los que, a lo largo de su
vida, nuestro autor ha querido entregar los frutos de su Pluma. Independientemente
de ello, y siempre en el ámbito cultural que ha centrado su interés, hemos visto su
firma en la Revista de Estudios Extremeños, Alcántara, Alminar, Nuevo Alor y
Alor Novísimo, en estas dos últimas con una cuidadísima labor de crítica sobre
las novedades editoriales. Tiene premios, galardones importantes, libros; de éstos,
uno muy significativo: El alcornoque y el corcho. Y es que Fernando Pérez Marqués,
tan lírico, tan definidor gustoso del paisaje, tan extremadamente sensible a su tierra,
no teme a los asuntos áridos y, periodísticamente, elabora, a instancias del Instituto
de Ciencias de la Educación de la Universidad de Extremadura, un magnífico ensayo que más tarde sería publicado bajo el patrocinio de la Caja de Badajoz. Por si fuera poco, por si aún debieran quedar los hilos más atados y la unión de la tierra y
de la sangre se precisara más indeleblemente marcada, tendrá en ese libro una
colaboradora de excepción, su hija María Celestina.
Fernando Pérez Marqués o el rigor. Si un día le oís en la tribuna, glosando la
vida y la obra de algún escrito, desde López Prudencio a José María Pemán, os
daréis perfecta cuenta de que Pérez Marqués, hasta en ese pequeño -para algunos,
inmenso- detalle del hombre en la palabra, donde la fogosidad del verbo puede alterar las fechas o la propia historia de cada uno, tendrá la obsesión de ser siempre fiel
al dato exacto, con absoluta lealtad a lo ocurrido. Generoso sin adulaciones, prefiere
ser el viejo hidalgo en su rincón tranquilo que andar de tiralevitas del poder o al
servicio de banderías. Por eso algunos temen su intachable honradez, su exquisito cuidado, su insobornable independencia. Con paso sereno, pausada y tenazmente, Fernando Pérez Marqués construye su obra literaria. Puedo asegura¡; con conocimiento
de causa, el enorme respeto y admiración que sus artículos de ABC crean entre los
lectores; las cartas y llamadas de teléfono que sus escritos suscitan.
Fernando Pérez Marqués o el estilo. Porque sin el estilo no hay Fernando Pérez
Marqués. Y así, inevitablemente, surgen tres nombres, vértices de un mágico triángulo de sensibilidades: Azorín, Pedro de Lorenzo y Fernando Pérez Marqués. Azorín
sigue siendo hoy el maestro del estilo por excelencia. Pedro de Lorenzo -azoriniano
para muchos, lorentino para otros- llega a exclamar: "El estilo soy yo". Fernando
Pérez Marqués será la fidelidad a ambos desde su propia nervatura. Antonio Zoido
escribió: "Pérez Marqués es azoriniano cien por cien. Él no lo niega. Un buen maestro y un buen discípulo se honran mutuamente". Sobre Azorín escribió, incansable,
en ABC Fernando Pérez Marqués. El insigne escritor de Monóvar sabía de su lejano
discípulo extremeño. Hoy, Fernando Pérez Marqués guarda como un preciado tesoro
los originales que le envió el autor de La voluntad. Pero hay más en esa interrelación
triangular: Pérez Marqués quiere honrar a Pedro de Lorenzo -este lo cuanta en su
Fortuna de los reveses- y consigue que la biblioteca pública de Santa Marta lleve
el nombre del escritor. Los actos de homenaje fueron recogidos por la prensa nacional
y local y es allí mismo, en Santa Marta de los Barros, donde Pedro de Lorenzo llama
a Fernando Pérez Marqués su título más exacto: Azorín en Extremadura.
Por todo esto, lector amigo, el libro que tienen entre las manos no es un breviario cualquiera. Es un devocionario de Extremadura, escrito por una de las plumas
más recias, limpias y señeras de nuestra tierra. Enrique Segura habló un día de la
emoción de los escritores extremeños ante la obra de Azorín. Y habló de López Prudencio, de Pedro de Lorenzo y de Fernando Pérez Marqués. Pues bien, con aquel estilo
depurado, con aquella sensibilidad vibradora ante el paisaje y las gentes, azuzado de
su infinito amor a la tierra, Fernando Pérez Marqués ha agavillado estas postales de
andar extremeño como una especie de íntimo, solemne, monumento literario de Extremadura.
"Es mago de la palabra./ En su Pluma es gema o flor / porque la escoge, la
labra/ y la bruñe con primor", escribió de él el que fuera un día venerado patriarca
de los poetas pacenses, Manuel Monterrey. Estas "Postales de andar extremeño" constituyen el homenaje literario a su tierra de uno de los hombres que más la han amado
y más la han propagado. Desde mi infancia en una villa de la Baja Extremadura, yo tenía una deuda de gratitud cultural con Fernando Pérez Marqués. ¡Qué alegría
poder escribir este prólogo! El amor a Extremadura sigue uniendo y enlazando a las
generaciones. Quiera Dios que así sea por los siglos de los siglos.
INTRODUCCIÓN
ANTONIO MENDOZA GÓMEZ.
Presidente de Caja de Badajoz
Con motivo del ciento cincuenta aniversario de la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz, la Caja de Ahorros de esta ciudad
quiere honrar a un Maestro, símbolo preclaro de quienes ejercen tan digno sacerdocio, publicando una de sus obras inéditas
aún. Con ello pretendemos que, ya fallecido el autor -Fernando Pérez Marqués-, pueda, como nuevo Cid Campeador, ganar una
póstuma batalla con una postrera lección en la que no sabremos si admirar más el límpido estilo azoriniano en que está
redactada, o el denodado amor que se advierte, en cada estampa, por la tierra y los hombres de Extremadura.
Mirar a Extremadura con los ojos de Pérez Marqués es un delicado placer que la Caja de Badajoz desea proporcionar a
todos sus amigos.
SOLAPA
F. RODRíGUEZ ARIAS
No hubiera podido escribir
Fernando Pérez Marqués estas hermosas páginas sobre su tierra
extremeña si no la llevara muy dentro de sí.
En una treintena corrida de estampas literarias, nos habla de pueblos, gentes, historias de otros
tantos lugares de la provincia de Badajoz. Pero no al uso de un libro de viaje descriptivo y
documental. Él es visitante que llega a todas partes con el alma abierta, bien ducha en la humana virtud de
captarlo todo, de sentirlo todo en su auténtica dimensión. Luego se hace el sencillo milagro de que la
luz que reciben sus ojos del paisaje físico que contemplan se irise a través del prisma de su pluma en
dulce y amenísimo relato.
Más que reconocido está el mérito de su prosa. Se le achaca, para alabarla, semejanzas y
referencias con estilos maestros. Yo creo que el suyo no le debe nada a nadie, porque tiene un magisterio
propio tal vez por encima de cualquiera otro. Porque es difícil que ninguno otro alcance a producir el
deleite espiritual que ofrecen estas páginas. En parte más substantiva, porque el lector alcanza
emocionado a sentir la profunda ternura del autor y a palpar la sinceridad del amor a su tierra.