POSTALES DE ANDAR EXTREMEÑO

EDITA : Caja  Badajoz
COLECCIÓN :
lSBN :
84-88956-04-5
AÑO EDICIÓN :
1995

NÚMERO DE PÁGINAS:
168

A manera de prólogo
Un escritor de Extremadura
SANTIAGO CASTELO

        Fernando Pérez Marqués es un escritor de raza. Hombre sensible, exquisito, de extraordinaria prudencia y cortesía, encierra en su figura menuda y tímida a uno de los más significativos orfebres del idioma que ha dado la historia literaria de Extremadura. Sucede, sin embargo, que Fernando Pérez Marqués gusta de andar de puntillas, procurando en todo instante no ser notado,. temeroso de los oropeles de la literatura barata; riguroso y exigente con su propia obra. Por eso, el fruto de su quehacer eminentemente periodístico en su hermoso lirismo, es recortado y guardado por muchos de sus anónimos seguidores. Esta es la cara y la cruz de nuestro escritor: Si miramos la biografía de Fernando Pérez Marqués, anotamos enseguida las coordenadas de su obra. Natural de San Vicente de Alcántara, tempranamente se traslada con su familia a Badajoz, ciudad en la que cursa bachillerato y Magisterio. 
        Tres localidades le tendrán de maestro: Granja de Torrehermosa, Santa Marta de los Barros y Badajoz. En las tres guardan de Pérez Marqués un entrañable recuerdo y un grato reconocimiento a su labor pedagógica. Siendo yo niño, en mi Granja de Torrehermosa, la memoria de Fernando Pérez Marqués (don Fernando, como se le llamaba, pese a su juventud) era palpable y sonora. En las Escuelas Nacionales de Granja -ya ausente él del pueblo- se le evocaba con sincera devoción y cariño. En ese ambiente, que había trascendido del ámbito de la propia escuela -mi padre, al humilde calor de la mesa camilla, hablaba de su sensibilidad y cultura con extraordinaria admiración-, me crié yo. Años más tarde descubro en las páginas de ABC a aquel maestrito de mi pueblo y me deslumbran su pasión por el paisaje y su hondo amor a Extremadura. Luego, ahondando en su biografía, cuando ya tuve la suerte de conocerlo y tenerlo por amigo, supe de su temprana afición por la lectura, su juvenil inclinación hacia el cultivo de las letras y esa clara, singular facilidad creativa que le caracteriza. Hay una divertida anécdota. Cuando estudiaba segundo de bachillerato, Fernando Pérez Marqués se llevó un pequeño disgusto: el catedrático de Preceptiva Literaria había encargado a los alumnos una composición con tema libre sobre alguna costumbre o industria típica de su lugar nativo. Fernando, oriundo de una población dedicada especialmente a transformar los productos del alcornocal no lo dudó, escogió como asunto "La industria corchotaponera", que tan familiar le resultaba. Pero he aquí que el profesor a la hora de evaluar el trabajo, lo consideró extraído de un texto ajeno y le otorgó la calificación de "copiado". cuando el muchacho llegó decepcionado a casa, recibió una gratificante sorpresa: su padre lo felicitó porque era la mejor nota que había podido obtener. Este afán por la tierra -Extremadura- llevará a nuestro escritor a no sólo la creación literaria, sino a la realización de ensoñadas empresas. En Santa Marta fue secretario fundador de la Cooperativa y Caja Rural "Santa Marta Virgen ", prestigiosa entidad agrícola en la que ejerció durante veinticuatro años, ininterrumpidamente y por reelección democrática, cargos de responsabilidad. Era una de las más productivas maneras de hacer realidad los sueños, tantas veces inalcanzables, del escritor.
        El primer artículo que publicó Fernando Pérez Marqués encierra también una anécdota expresiva de su buena disposición literaria. Fue un trabajo -"Ante el altar de los Caballeros de Alcántara"- enviado a la sección de "noveles" que aparecía en la madrileña revista Tajo, allá por los años cuarenta. Pues bien, la dirección consideró que dicho trabajo debía pertenecer a un autor consagrado y lo publicó con todo alarde tipográfico en el contenido general de la revista.
        En adelante, Fernando Pérez Marqués alternará su labor pedagógica con una ferviente dedicación a la literatura. Cientos y cientos de artículos suyos han aparecido en los diarios Hoy y ABC, los dos únicos periódicos a los que, a lo largo de su vida, nuestro autor ha querido entregar los frutos de su Pluma. Independientemente de ello, y siempre en el ámbito cultural que ha centrado su interés, hemos visto su firma en la Revista de Estudios Extremeños, Alcántara, Alminar, Nuevo Alor y Alor Novísimo, en estas dos últimas con una cuidadísima labor de crítica sobre las novedades editoriales. Tiene premios, galardones importantes, libros; de éstos, uno muy significativo: El alcornoque y el corcho. Y es que Fernando Pérez Marqués, tan lírico, tan definidor gustoso del paisaje, tan extremadamente sensible a su tierra, no teme a los asuntos áridos y, periodísticamente, elabora, a instancias del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Extremadura, un magnífico ensayo que más tarde sería publicado bajo el patrocinio de la Caja de Badajoz. Por si fuera poco, por si aún debieran quedar los hilos más atados y la unión de la tierra y de la sangre se precisara más indeleblemente marcada, tendrá en ese libro una colaboradora de excepción, su hija María Celestina. 
        Fernando Pérez Marqués o el rigor. Si un día le oís en la tribuna, glosando la  vida y la obra de algún escrito, desde López Prudencio a José María Pemán, os daréis perfecta cuenta de que Pérez Marqués, hasta en ese pequeño -para algunos, inmenso- detalle del hombre en la palabra, donde la fogosidad del verbo puede alterar las fechas o la propia historia de cada uno, tendrá la obsesión de ser siempre fiel al dato exacto, con absoluta lealtad a lo ocurrido. Generoso sin adulaciones, prefiere
ser el viejo hidalgo en su rincón tranquilo que andar de tiralevitas del poder o al servicio de banderías. Por eso algunos temen su intachable honradez, su exquisito cuidado, su insobornable independencia. Con paso sereno, pausada y tenazmente, Fernando Pérez Marqués construye su obra literaria. Puedo asegura¡; con conocimiento de causa, el enorme respeto y admiración que sus artículos de ABC crean entre los lectores; las cartas y llamadas de teléfono que sus escritos suscitan.
        Fernando Pérez Marqués o el estilo. Porque sin el estilo no hay Fernando Pérez Marqués. Y así, inevitablemente, surgen tres nombres, vértices de un mágico triángulo de sensibilidades: Azorín, Pedro de Lorenzo y Fernando Pérez Marqués. Azorín sigue siendo hoy el maestro del estilo por excelencia. Pedro de Lorenzo -azoriniano para  muchos, lorentino para otros- llega a exclamar: "El estilo soy yo". Fernando Pérez Marqués será la fidelidad a ambos desde su propia nervatura. Antonio Zoido escribió: "Pérez Marqués es azoriniano cien por cien. Él no lo niega. Un buen maestro y un buen discípulo se honran mutuamente". Sobre Azorín escribió, incansable, en ABC Fernando Pérez Marqués. El insigne escritor de Monóvar sabía de su lejano discípulo extremeño. Hoy, Fernando Pérez Marqués guarda como un preciado tesoro los originales que le envió el autor de La voluntad. Pero hay más en esa interrelación triangular: Pérez Marqués quiere honrar a Pedro de Lorenzo -este lo cuanta en su Fortuna de los reveses- y consigue que la biblioteca pública de Santa Marta lleve el nombre del escritor.  Los actos de homenaje fueron recogidos por la prensa nacional y local y es allí mismo, en Santa Marta de los Barros, donde Pedro de Lorenzo llama a Fernando Pérez Marqués su título más exacto: Azorín en Extremadura. 
        Por todo esto, lector amigo, el libro que tienen entre las manos no es un breviario cualquiera. Es un devocionario de Extremadura, escrito por una de las plumas más recias, limpias y señeras de nuestra tierra. Enrique Segura habló un día de la emoción de los escritores extremeños ante la obra de Azorín. Y habló de López Prudencio, de Pedro de Lorenzo y de Fernando Pérez Marqués. Pues bien, con aquel estilo depurado, con aquella sensibilidad vibradora ante el paisaje y las gentes, azuzado de su infinito amor a la tierra, Fernando Pérez Marqués ha agavillado estas postales de andar extremeño como una especie de íntimo, solemne, monumento literario de Extremadura. "Es mago de la palabra./ En su Pluma es gema o flor / porque la escoge, la labra/ y la bruñe con primor", escribió de él el que fuera un día venerado patriarca de los poetas pacenses, Manuel Monterrey. Estas "Postales de andar extremeño" constituyen el homenaje literario a su tierra de uno de los hombres que más la han amado y más la han propagado. Desde mi infancia en una villa de la Baja Extremadura, yo tenía una deuda de gratitud cultural con Fernando Pérez Marqués. ¡Qué alegría poder escribir este prólogo! El amor a Extremadura sigue uniendo y enlazando a las generaciones. Quiera Dios que así sea por los siglos de los siglos.


INTRODUCCIÓN

ANTONIO MENDOZA GÓMEZ. Presidente de Caja de Badajoz

    Con motivo del ciento cincuenta aniversario de la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz, la Caja de Ahorros de esta ciudad quiere honrar a un Maestro, símbolo preclaro de quienes ejercen tan digno sacerdocio, publicando una de sus obras inéditas aún. Con ello pretendemos que, ya fallecido el autor -Fernando Pérez Marqués-, pueda, como nuevo Cid Campeador, ganar una póstuma batalla con una postrera lección en la que no sabremos si admirar más el límpido estilo azoriniano en que está redactada, o el denodado amor que se advierte, en cada estampa, por la tierra y los hombres de Extremadura.
    Mirar a Extremadura con los ojos de Pérez Marqués es un delicado placer que la Caja de Badajoz desea proporcionar a todos sus amigos.

 

SOLAPA

F. RODRíGUEZ ARIAS

No hubiera podido escribir Fernando Pérez Marqués estas hermosas páginas sobre su tierra extremeña si no la llevara muy dentro de sí.
En una treintena corrida de estampas literarias, nos habla de pueblos, gentes, historias de otros tantos lugares de la provincia de Badajoz. Pero no al uso de un libro de viaje descriptivo y documental. Él es visitante que llega a todas partes con el alma abierta, bien ducha en la humana virtud de captarlo todo, de sentirlo todo en su auténtica dimensión. Luego se hace el sencillo milagro de que la luz que reciben sus ojos del paisaje físico que contemplan se irise a través del prisma de su pluma en dulce y amenísimo relato.
Más que reconocido está el mérito de su prosa. Se le achaca, para alabarla, semejanzas y referencias con estilos maestros. Yo creo que el suyo no le debe nada a nadie, porque tiene un magisterio propio tal vez por encima de cualquiera otro. Porque es difícil que ninguno otro alcance a producir el deleite espiritual que ofrecen estas páginas. En parte más substantiva, porque el lector alcanza emocionado a sentir la profunda ternura del autor y a palpar la sinceridad del amor a su tierra.