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ESA BELLA PALABRA
Diario ABC, 16 de Julio
de 1986
La vieja e hidalga ciudad, de vida tradicionalmente quieta, apacible
y entregada al sosiego del trabajo consuetudinario, ha perdido
de súbito su tranquilidad; hasta ella han llegado, como una invasión
inesperada, la más duras expresiones de la violencia. Una fuerte
sensación de bien perdido manifestándose en las conversaciones
de la gente y la Prensa local, con el dramatismo que el hecho
requiere, se hace eco del fenómeno y lo señala con datos concretos;
informaciones sobre actividades delictivas en que se ven envueltos
drogadictos, navajeros, harpías; horrendos crímenes hasta la fecha
impunes; nobles caserones deshabitados que han sido pasto de las
llamas tras ser convertidos en lugar de orgías y desenfrenos.
Toda una muestra real y dramática del sucio fantasma que se cierne
sobre la sociedad actual, de todo punto incoherente con su continua
proclamación de sus anhelos de paz.
Esa tranquilidad, esa paz que, juntamente con la libertad y el
pan de cada día, es, es uno de los bienes que enriquecen y hacen
posible la existencia ideal del hombre. No en vano constituye
para los fieles un inapreciable don del Espíritu Santo,
y la sabiduría del pueblo, en sus modos expresivos, elabora con
tal concepto unas hondas y bellas fórmulas, que son un tesoro
de la lengua : A la paz de Dios, es locución familiar que queda
flotando en el aire tras de una despedida cordial, donde quizás
pocos momentos antes, al llegar, se abrió también el mismo deseo
con la salutación Paz sea en esta casa, de la fórmula evangélica,
que la pluma cervantina define como "joya y prenda"
divina.
Ir o venir en son de paz; poner paz, reinar la paz; ser, si se
nos permite, moro de paz. Todo lo que sea preciso con tal de poder
dormir en paz, esto es, con la conciencia tranquila, pues en ello
está el fundamento de todos los bienes : Haya paz, paz duradera
y que sea lo que Dios quiera.
Entre los diez vocablos más bellos del idioma español, decía Torcuato
Luca de Tena que el escritor Federico Sainz de Robles propuso
en una encuesta al periódico "El Mercurio" de Santiago
de Chile, la palabra paz. Y si vieran qué hermoso es oír, como
lo escuchara ha poco tiempo quien esto escribe, en noche intempesta,
tras de unos recios golpes dados en la puerta, este breve diálogo
:
- ¿Quien va?.
- Gente de paz.
Y dar a esta palabra,
a estas frases, a estos preceptos morales su prístina virtualidad,
su uso común y verdadero, ¿no debería ser el objetivo primordial,
imprescindible, urgente, de toda gestión de gobierno, de todo
ideal político?.
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